sábado, 4 de diciembre de 2010

La vida

Tic tac tic tac, es el sonido de un reloj que hace mucho tiempo dejó de funcionar. Ahora los las horas vuelan, los días me golpean a su paso y los meses van saltando entre sí sin pedirme permiso. ¿En dónde estoy?, ¿en dónde me encuentro?, ¿Estoy a la mitad de mi vida o al final? Son todas preguntas que a esta altura de mi vida (y de la noche) retumban en mi cabeza en forma de ideas sin definir. Por un momento me siento a pensarte, trato de definirte, pero me doy cuenta que no existís, sos solo un pensamiento, una idea que no logra tomar forma, sos solo un ideal que busco alcanzar pero que no logro encontrar.
Espero seguir así, de a poco voy sorteando los obstáculos que la vida me plantea. Partí de la inocencia haciendo una parada en la inconsciencia, pero cuando miro atrás ya no existen caminos para recorrer, solo puedo ir hacia adelante, y es eso tal vez lo que me asusta, pero es también lo que me empuja a seguir.



¿Cómo volver el tiempo atrás? o al menos permitidme vivir sin cometer los mismos errores ! ! ! !

Lección

Le pedí al señor del bar

una cerveza para olvidarte

y él me respondió

que cerveza tenía

y mucho alcohol también

pero que con respecto a olvidarte

nada podía hacer

porque esas heridas

que deja el verdadero amor

nada las puede curar

y que aquellos que dicen

que el tiempo todo lo borra

nunca han amado de verdad (nunca te conocieron a vos...)

entonces le pregunté

que iba a ser de mí

y con sabiduría me aconsejó

que con el dolor aprenda a vivir

y que mi corazón aprenda a endurecer

así que muy triste me fui del lugar

pero al salir me di cuenta

que el viejo se equivocaba

cuando te encontré esperándome

con la lluvia acariciándote la piel

Caída Libre

Y cuando creí

que o se podía

caer más bajo


dejé de pensar en ello

y sin darme cuenta

terminé mucho 

más abajo que cuando

empecé a pensar

viernes, 30 de julio de 2010

Ese extraño sujeto

27 de septiembre de 2009

Siempre me considere alguien dentro del promedio, incluso desde chico, mi vida podía calificarse en aquellos días como normal, como común, un niño que asistía al colegio, que luego al pasar el tiempo le fueron creciendo algunos vellos en la cara y cambió la voz mientras atravesaba la adolescencia, que posteriormente ingresó a la universidad para finalizar y obtener el título para que mi madre pudiera decir orgullosa al frente de sus amigas “mi hijo el doctor”.



Pero a pesar de todo ello, y al pensarlo en retrospectiva, me doy cuenta de que había algo en mi vida fuera de lo común, sucesos extraños ocurrían en mi hogar. Generalmente de noche y cada cierto tiempo, se podían escuchar ruidos estremecedores en la casa como los que produciría una persona que ingresa y que merodea por la vivienda. Es por eso queme acostumbré a dormir con la puerta de mi cuarto cerrada.


Una noche, ya cursando el colegio secundario, cuando ya me atrevía a quedarme más tiempo despierto, mientras veía televisión volví a sentir esos ruidos. Rápidamente apagué el televisor y todas las luces y logré esconderme en el espacio incómodo que me ofrecía un sofá entre su espalda y la pared. Desde ese escondite improvisado escuche el sonido de varios pasos que atravesaban la casa desde el garaje hacia los dormitorios y vi pasar frente a mí la silueta de un hombre mientras yo trataba de contener la respiración. Transcurrido un lapso de tiempo considerable pensé en salir, pero mis piernas permanecieron inmóviles por lo que decidí quedarme un rato más en ese lugar que parecía, al menos en ese momento, un lugar seguro. Desde esa noche procuré acostarme lo más temprano posible para evitar ese tipo de situaciones.


El tiempo fue pasando y fue imposible evadir la realidad yéndome a dormir temprano, máxime los días lunes en los cuales mi madre quería comer tarde para esperar la llegada de mi padre despierta. Aquél lunes podría describirlo como si hubiese pasado hace pocos minutos, recuerdo que yo maldecía por lo bajo pues mi mamá, como estaba cansada, decidió acostarse unos minutos y me ordenó preparar la mesa. Estaba en la cocina buscando los elementos para cumplir con lo que la señora había dispuesto cuando de pronto volví a escuchar esos ruidos que tanto me habían atormentado de pequeño, me quedé paralizado con los cubiertos en la mano pues al frente mío caminaba un sujeto de tez muy pálida y un frondoso cabello negro. Pasó como ignorándome, sin cambiar el rumbo de su mirada y siguió su habitual camino hacia las habitaciones. A pesar de que en ese preciso momento me moría de miedo y mi corazón daba cuenta de ello latiendo a toda velocidad por otro lado sentía una gran sensación de alivio ya que había enfrentado a ese sujeto que tanto desvelo me había causado. Fue justamente al enfrentarlo cuando me di cuenta de que no parecía agresivo ni hostil, hasta podría decirse que parecía una persona o un ente de una gran bondad.


Con el correr del tiempo pude acostumbrarme a su presencia, incluso volví a tener encuentros con el varias veces a la semana, aunque nunca intenté ningún tipo de comunicación ya que ese sujeto parecía no hablar ni demostraba signos de que era posible comunicarse con él. A pesar de esto me causaba mucha intriga el hecho de que cada tanto apareciera en mi hogar y caminara como si nada. Lo que más me preocupaba era que mi madre no me daba ninguna explicación que pareciera razonable, solo se limitaba a decir “el es así, es tímido”. Esas explicaciones a mí nunca me bastaron pero también notaba que mientras más preguntaba, más sufría mi madre, posiblemente porque no solo no tenía una respuesta para mí, sino también porque no tenía una respuesta para ella misma.


Con el tiempo aprendí a convivir con ese extraño sujeto y sus apariciones esporádicas, incluso, busqué saludarlo para hacer la convivencia en mi hogar más llevadera, pero las respuestas de su parte siempre fueron limitadas en su contenido. Debo admitir que yo también tenía miedo lo que siempre impidió que esos momentos pasaran de algo más que un saludo sin respuesta.


Los años fueron sucediéndose uno tras otro lo que me hizo ver las cosas desde otra perspectiva, me di cuenta de que todos aceptamos siempre su existencia en nuestra casa por una simple cuestión de subsistencia. El traía el dinero al hogar para que pudiéramos comer, y mi madre, si bien dudo de que haya habido amor entre ellos, nunca le pediría el divorcio por miedo al “que dirán”. Fue de ese modo en que fui construyendo mi “relación” con mi padre (si es que puede llamarse relación), de todos modos no importaba, siempre habría tiempo para revertir la situación … o al menos eso pensaba yo, hasta que un día, ya viviendo solo y cuando me encaminaba hacia la casa de mis padres, las luces de un patrullero estacionado en el frente de la vivienda me anunciaban la peor de las noticias. El oficial a cargo trató de ser lo más profesional posible mientras nos relataba los detalles del accidente, incluso busco dar consuelo a mi madre indicándole que debido a la violencia del accidente, no había sufrido dolor alguno. Su muerte fue instantánea.


Ahora soy yo el que deambula como un fantasma por los rincones, evitando el contacto con la mirada de otras personas para que no vean el dolor dentro de mí, huyendo de la realidad, pensando en que todas aquellas noches si me quedé esperando que llegara, pensando que si lo aguarde con un abrazo y ansioso por escuchar sus relatos, que si le dije cuanto lo quería. Lamentablemente la realidad es dura y me doy cuenta de que no fue así, y son tan pocos los momentos que con él compartí, que no sé si llorar porque lo extraño o porque casi no tengo recuerdos de él.






FIN


¿Hay alguien del otro lado?

Viernes 04 de septiembre de 2009

Hoy es viernes, toda mi vida ame este día, me permitía salir con mis amigos, dormir hasta tarde el día siguiente, mirar alguna película o simplemente dedicarme a escuchar música. Hoy todo es diferente ya pasaron varios minutos después de las tres de la madrugada y me encuentro solo, sentado frente al ordenador y tomando algo para apurar un poco el sueño que no viene. Han pasado muchas cosas en mi vida, pese a ello trato de no reflexionar sobre ellas, no sé si para mantener de alguna forma la espontaneidad o simplemente para evitar pensar en el dolor que algunos recuerdos pueden causar, lo único que creo saber es que me han pasado cosas banales que he afrontado como tragedias y tragedias que rápidamente superé. Hace muy poco tiempo me ha tocado vivir una etapa muy difícil y eso hace que revuelen en mi cabeza muchos pensamientos, tantos que en definitiva no me dejan pensar, y es por ello que escribo, es mi forma de buscar por un lado, organizar mis ideas, y por el otro de encontrar algún alivio a lo que siento. Hoy, puntualmente, hay una pregunta a la cual no puedo dar respuesta. ¿hay alguien del otro lado?



Cuando pienso en esa pregunta me doy cuenta de que posee varias connotaciones: apunta a saber si existe alguien que no solo lea estas palabras, sino que también de alguna forma las comparta o simplemente las entienda, apunta al mismo tiempo a saber si en las calles, entre toda esa gente que camina existe alguien a quien le interese algo más que simplemente llegar del trabajo para descansar, apunta a saber si al final de nuestros días nos espera algo o alguien, o si por el contrario es como la pantalla negra que sucede al final de una película. En fin, es un cuestionamiento al que le atribuyo muchos significados más de los que en realidad tiene, pero es una forma en la cual mi mente busca darle sentido a todo lo que me rodea, tanto lo material como lo inmaterial.


Por un momento me detengo a pensar que hacer con esto que escribo: ¿lo borraré, como lo hice con todo lo que alguna vez escribí?, ¿lo guardaré en mi computadora?, ¿lo subiré a internet? ¿formará parte de un libro que empecé a escribir miles de veces?. Mientras más pienso me doy cuenta de que no tengo una respuesta, pero por ahora me conformo con prorrogar esa respuesta para el futuro.






P.D.: Nunca he revisado lo que escribo, y este caso no será la excepción, por lo tanto estas párrafos pueden estar plagados de errores, tanto gramaticales como de ortografía, pero a lo que apuntan es a expresar un pensamiento, en su estado más espontaneo, y es en virtud de ello que dejo de lado las formas para concentrarme en el fondo.
 
 
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